La obstrucción de la vía lacrimal es la patología más común en niños de las que atienden los profesionales de oculoplástica, que han detectado un aumento de los diagnósticos en menores como consecuencia de la creciente información sobre la especialidad. Así se ha puesto de manifiesto en el V Curso Internacional de Oculoplástica celebrado recientemente en el Hospital Vithas Nuestra Señora de Fátima.

Según ha informado Vithas, hasta un 70% de los niños de acuerdo con algunos estudios nace con una obstrucción de la vía lacrimal en uno o ambos ojos. La mayoría se acaba solucionando de forma natural días después del parto, pero en algunos casos hay que intervenir para dar solución a una patología cuyo síntoma fundamental es el lagrimeo constante y excesivo, que puede acabar provocando inflamación, conjuntivitis o infección ocular.

El tratamiento de la obstrucción lacrimal en bebés se basa en masajes; cuando no se soluciona con ellos, se realiza una intervención quirúrgica para sondar la vía lacrimal y romper la membrana que impide su funcionamiento correcto.

Tal y como ha explicado la directora del curso, Yerena Muiños, las alteraciones congénitas de los párpados constituyen la segunda patología de la órbita del ojo más común entre los menores, después de la obstrucción de la vía lacrimal. Esa alteración de los párpados suele ser leve, pero impide que la visión del niño se desarrolle con normalidad y puede provocar problemas de cervicales que deriven en constantes cefaleas.

En la mayoría de los casos, el párpado superior de uno o ambos ojos tapa la pupila parcialmente, por lo que da la sensación de que el niño no abre el ojo del todo. Como consecuencia, el menor tiende a menudo a girar la cabeza hacia atrás o a levantar de manera ostensible las cejas en un intento por ampliar su campo visual. La solución es una intervención quirúrgica en la que se eleva el párpado; la técnica depende de la edad y las características del paciente.