Tal como recoge la revista Otolaryngology Case Reports, la lactante de un mes de edad llegó al centro con dificultades para alimentarse, retraso en el crecimiento y signos de estridor. Tras una laringoscopia la niña fue diagnosticada de laringomalacia tipo 1 y dada de alta, ya que las dificultades respiratorias no eran graves.

“Casi el 90% de los casos de laringomalacia se resuelven espontáneamente”, recuerda Tsuyoshi Umehara, autor principal del estudio. No obstante, a los 2 meses de edad el estridor había aumentado y, tras recibir la vacuna para la Haemophilus influenzae tipo b (Hib), la capacidad de alimentación también empeoró repentinamente.

Pasados 3 días desde la inmunización, la pequeña ingresó en el servicio de Urgencias con ventilación artificial. Una nueva lariongoscopia, sumada a una resonancia magnética reveló un quiste en la base de la lengua de unos 10 milímetros de diámetro.

Umehara y su equipo concluyeron que el quiste en la base de la lengua había estado aumentando de tamaño y era el responsable del estridor que, en principio, había sido asociado a una laringomalacia benigna. Los expertos procedieron a drenar y extirpar la masa en la base de la lengua para su evaluación patológica.

Tanto el distrés respiratorio como las dificultades de deglución desaparecieron tras la cirugía; sin embargo, la laringomalacia y un estridor leve persistieron. Pasados 9 meses desde la intervención, ambos síntomas mejoraron y, un año después, la paciente se encontraba “en perfecto estado de salud”, aseguran, “no presentaba problemas respiratorios y había ganado peso”.

Esta experiencia, en la que también participaron los servicios de Otorrinolaringología del Hospital General Seirei Mikatahara y el Hospital General Seirei de Yokohama, ha llevado a los autores a la conclusión de que “los quistes pediátricos bucales son inusuales, pero los tumores en la base de la lengua lo son aún más”.

A menudo, lamentan “no son diagnosticados y, con frecuencia, causan la muerte del lactante”. El enfoque diagnóstico recomendado por Umehara y su equipo incluye el uso de un laringoscopio nasofaríngeo flexible o un broncoscopio, aunque, “según nuestra experiencia, no es fácil encontrar el quiste en la base de la lengua de un paciente que se mueve y llora”, advierten.