El software tiene la capacidad de alertar al usuario si se produce algún error que vulnere el límite relativo, aunque se puede ignorar y continuar con la administración una vez comprobado que la programación es correcta. Ello evita que se produzca un error, pues la señal de alarma no puede ser obviada, de forma que se debe confirmar la dosis y la velocidad de infusión que sobrepasan a las establecidas como seguras.

Para conocer el número de errores humanos que se pueden evitar con el uso de las bombas de infusión inteligentes, un grupo de investigadores del Hospital Universitario Gregorio Marañón ha realizado un estudio observacional prospectivo (desde el año 2010-2015) con las bombas volumétricas y de jeringa disponibles en la unidad de cuidados intensivos pediátricos.

Los investigadores elaboraron una biblioteca de fármacos con límites de seguridad a través de la cual se programarían todas las infusiones intravenosas prescritas. Posteriormente analizaron la adherencia a dicha biblioteca, así como el número y tipo de errores evitados según las alarmas generadas en el sistema.

Durante los 5 años que duró el estudio, se interceptaron 283 errores reales de programación, en los que un 58% estuvo implicado un fármaco de alto riesgo, como agonistas y antagonistas adrenérgicos, sedantes, analgésicos, bloqueantes neuromusculares, opiáceos, potasio e insulina. La adherencia media de los usuarios al software de seguridad fue del 84%.

Así, la implantación de bombas de infusión inteligentes demostró ser muy eficaz en la intercepción de errores de programación relacionados con fármacos de alto riesgo, motivo por el que los investigadores valoran implantarlo en otras unidades de pacientes críticos, tanto de adultos como pediátricos, con el fin de evitar una administración venosa indeseada.