Mark A. Bullimore, autor principal del estudio, y su equipo investigaron los casos de 1.800 usuarios de lentillas bandas de entre 7 y 19 años, recogidos en 9 estudios prospectivos. La tasa de complicaciones corneales infiltrativas (inflamación o infección) asociadas al uso de lentes blandas fue baja, de 136 eventos por cada 10.000 años.

Uno de los estudios sugería, además, que el riesgo derivado del uso de lentillas blandas es aún menor si el niño es más pequeño. La tasa era de 97 casos cada 10.000 años en pequeños de entre 8 y 12 años, en comparación con los 335 casos en el mismo tiempo entre adolescentes de 13 a 17 años. Esto puede deberse, según explica Bullimore, a que, entre los jóvenes, los comportamientos de riesgo, como dormir o ducharse con las lentes blandas puestas, son más frecuentes.

Los episodios concretos de queratitis microbiana fueron igualmente escasos, apuntan los investigadores y ninguno se produjo en los niños más pequeños. Sin embargo, entre los adolescentes que usaban lentillas blandas, la tasa de queratitis fue de 15 casos por cada 10.000 años; una cifra equivalente a la reportada en adultos, matizan.

Con estos datos, Bullimore concluye que “la incidencia de eventos corneales infiltrativos asociados al uso de lentes de contacto blandas, no solo no es mayor en niños que en adultos, sino que, en los rangos más bajos de edad pueden ser, incluso, notablemente inferiores”. En cualquier caso, añade, “la supervisión de los padres debería mitigar los riesgos”.

No obstante, y “dado el creciente interés de tratar a los niños con lentillas blandas que han manifestado tanto padres, como pacientes y profesionales de la comunidad científica”, el autor recomienda continuar la investigación en este campo, sobre todo en lo referente a lentes blandas para el control de la miopía infantil.