Para llegar a esta conclusión, un equipo de científicos analizó los datos de 63 adolescentes, entre 11 y 18 años, que habían sufrido una conmoción cerebral. A lo largo del estudio 1 de cada 3 pacientes sufrieron exacerbación de los síntomas; se trataba de aquellos que habían realizado esfuerzos mentales más intensos o en momentos más tempranos de la recuperación.

“Una actividad física y mental moderada no empeora los síntomas, pero otro tipo de esfuerzos, como el regreso a la escuela, puede incluso aumentarlos”, advierte Danny G. Thomas, autor principal del estudio, “tampoco es necesario un reposo estricto y prolongado, sino más bien reestructurar las actividades diarias con el fin de tener los síntomas bajo control”.

A pesar de tratarse de exacerbaciones leves y que suelen resolverse antes de las 24 horas, “es sorprendente la frecuencia de estos picos de empeoramiento, y la rapidez con que se permite a los jóvenes reanudar la actividad física y mental”, reflexiona Thomas.

Con él coincide el médico deportivo Anthony P. Kontos, quien aconseja “evitar el exceso de evaluaciones clínicas que podrían tener un efecto contrario; pedir insistentemente a los adolescentes noticias sobre sus síntomas puede llevarles a centrar la atención en sus problemas, con una consecuente exacerbación”.