Juliana Gomes Jorge y Clóvis Botelho, autores principales del paper llevaron a cabo un estudio trasversal de 718 pacientes pediátricos en edad de asistir a la escuela primaria y que no presentaban ningún tipo de discapacidad.

Todos los voluntarios se sometieron a un protocolo de Detección de Alfabetización en la Escuela para detectar y evaluar las dificultades de cada alumno. La prueba se compone de 10 ítems, entre ellos una lectura, un dictado, ejercicios de números y palabras, etc.

Aquellos que presentaron una media por encima de los 20,5 puntos sobre 30 fueron incluidos en el grupo de “estado normal de aprendizaje”, mientras, los que tendían a disminuir esa cifra se clasificaron dentro de las “alteraciones en el aprendizaje”.

La siguiente etapa consistió en el sondeo de los hogares a través de un cuestionario sobre la atención prenatal, el tipo de parto, la edad gestacional y el peso al nacer, así como los hábitos de consumo materno de alcohol, tabaco, medicamentos y drogas.

Tal como recoge la revista Jornal de Pediatria, también se tuvieron en cuenta datos como el número de miembros en el hogar, los ingresos familiares, los hábitos de consumo dentro del hogar o la clase económica de acuerdo con la Asociación Brasileña de Empresas de Investigación.

Entre los niños que presentaron “alteraciones en el aprendizaje”, las variables más repetidas fueron: que los padres mantuviesen el hábito de fumar en casa y en presencia del menor (PR = CI 6,10, 95%: 4.56 a la 8.16) y el tabaquismo pasivo materno durante el embarazo (PR = CI 1,46, 95%: 1.7 a 2.1).

Los resultados del estudio “indican que la exposición al humo del tabaco conlleva dificultades en el aprendizaje y el lenguaje, así como problemas de conducta en la población evaluada”, concluyen los investigadores.

Por eso, en Brasil sigue siendo necesario “prohibir el tabaco en todos los lugares públicos y llevar a cabo campañas de educación sobre los efectos nocivos del tabaco, especialmente entre los niños en edad escolar”.