Según informa la Radiological Society of North America, los científicos estudiaron a 25 jugadores de fútbol jóvenes (entre 8 y 13 años) para determinar la influencia de aquellos impactos en la cabeza que se producen durante un partido y que no llegan a considerarse clínicamente conmociones.

Por un lado, se utilizó un sistema telemétrico para registrar los impactos recibidos en la cabeza con el fin de analizar los datos y determinar el riesgo de una exposición acumulativa ponderada en una sola sesión de juego. Además, se grabaron todos los partidos para confirmar los impactos.

Por otro lado, los participantes fueron sometidos a una evaluación con neuroimagen multimodal antes y después de jugar. Esta evaluación incluía imagen con tensor de difusión (DTI), una técnica avanzada de resonancia magnética que identifica cambios microestructurales del cerebro.

Los resultados mostraron una relación significativa entre los impactos en la cabeza y una disminución de la anisotropía fraccional en extensiones y terminales específicas de materia blanca, donde se encuentran la materia blanca y gris.

De acuerdo con el autor principal del estudio, Christopher T. Whitlow, aquellos jóvenes que acumulaban más impactos tenían más cambios en la materia blanca de ciertas partes concretas del cerebro. Es necesario investigar más para conocer el significado de dichos cambios.