Los padres seleccionados tenían niños de entre 6 y 12 años de edad, de los que más de la mitad había proporcionado fármacos para la alergia a lo largo del último año. El 85% de ellos utilizó medicamentos que ya tenía en casa, algunos (18%) sin tan siquiera comprobar la fecha de caducidad. “Aunque es poco probable que los medicamentos caducados sean peligrosos, pueden haber perdido su eficacia”, afirma Mott Gary Freed, pediatra y director del informe.

La mayoría de los padres utilizaba medicamentos indicados para niños, pero 1 de cada 7 (15%) ha dado a su hijo un fármaco indicado para adultos. Además, un tercio de los que utilizan medicamentos para adultos dio a su hijo la dosis recomendada para adultos, mientras que 2 tercios dio una dosis parcial. Algunos medicamentos para adultos tienen la misma composición que los pediátricos, lo que varía es la dosificación, según indican los investigadores.

“Si los medicamentos se toman según el prospecto, estos son seguros y eficaces para los niños, pero los padres deben ser muy cuidadosos en dar las dosis correctas a sus hijos. Una dosis superior a la recomendada para niños puede tener efectos secundarios graves”, indica Freed.

Los médicos son la principal fuente de información a la que acuden los padres para pedir consejos sobre fármacos para la alergia (61%), pero casi un tercio de ellos (32%) asegura recurrir a un amigo o miembro de la familia y un 38% pide consejo a un farmacéutico, según estiman los científicos del estudio. En general, el 21% de los padres afirma que le resulta difícil averiguar cuál es la dosis correcta que debe tomar su hijo.

“Si los padres no están seguros sobre las opciones de administración del fármaco para la alergia, deben consultar al médico de su hijo”, recalca Freed, quien considera importante aconsejar a los pacientes sobre este hecho en las consultas para que los padres lo tengan en cuenta cuando se presente la ocasión oportuna.