Los prematuros con un peso menor de 500 gramos que han sido tratados con corticoesteroides postnatales, presentan un riesgo de retinopatía del prematuro (ROP) 1,6 veces mayor que los no tratados, tal como publica la revista de la American Association for Pediatric Ophthalmology and Strabismus (AAPOS).

Es la conclusión a la que han llegado los investigadores tras revisar los casos de 1.472 recién nacidos, dados de alta en 167 unidades de cuidados intensivos neonatales, entre 1996 y 2013. Todos ellos salieron del hospital con vida tras haberse enfrentado “al peso más bajo posible compatible con la vida”, matiza Tammy Z. Movsas.

Al nacer en edad gestacional, estos bebés “son absolutamente vulnerables a una serie de morbilidades neonatales, incluyendo retinopatía y displasia broncopulmonar”, explica el autor del paper, “por lo tanto, las diferencias clínicas entre los no tratados y los tratados con esteroides se reducen al mínimo”.

De todos los casos estudiados, el 72% recibieron esteroides posnatales. La incidencia de ROP fue “significativamente mayor” en estos niños, un 80,5% frente al 66,8% de los prematuros no tratados con esteroides. Las retinopatías del prematuro en estado avanzado también afectaron más al grupo medicado (35,3%) en comparación con el grupo sin tratamiento (21,1%).

La prevalencia es “modesta pero significativa”, defiende Movsas, “por eso los médicos deben esforzarse en sopesar los efectos positivos de los corticosteroides sobre el desarrollo de los pulmones frente a los efectos negativos sobre la futura visión de los recién nacidos prematuros”.

Además, aventura el autor, “estos niños con antecedentes de ROP están en mayor riesgo de desarrollar otros trastornos oculares posteriores, lo que otorga al estudio un gran potencial de relevancia clínica”.