Los investigadores señalan que el principal descubrimiento del estudio es que, 50 años después, este grupo tiene un 15% menos de probabilidades de sufrir algún desorden de su estado de ánimo (incluidos la depresión y la ansiedad) que el resto de adultos. A pesar del tiempo transcurrido desde que los participantes fueron miembros, hay un claro efecto protector sobre su salud mental y, éste estaba presente incluso cuando los participantes hubiesen tenido otros factores de riesgo para la infancia.

El Profesor y Jefe de investigación, Chris Dibben, comenta que “es bastante llamativo que encontremos este beneficio en las personas tanto tiempo después de su paso por los Scouts". "Esperamos que los principios de los Scouts de antes sean los mismos que ahora. Dado los altos costos que suponen las enfermedades mentales para los individuos y la sociedad, sería muy sensato prestar más atención a los programas de voluntariado juvenil tales como el del programa scout”.

Los autores del estudio sugieren que los resultados representan los beneficios del aprendizaje de pequeñas habilidades como el trabajo en equipo, la confianza en uno mismo o el autoaprendizaje. Todo ello complementado con estancias al aire libre en contacto con la naturaleza (que parece ser otro de los factores que minimiza los riesgos).