Con este objetivo, los autores Jonathan Walsh y David Tunkel han recogido los síntomas que tanto la madre como el paciente pediátrico de anquiloglosia puede experimentar:

  1. Alimentación prolongada.
  2. Aumento de peso escaso.
  3. Deformidad de la lengua del paciente.
  4. Incapacidad del niño para mamar.
  5. Irritabilidad del bebé durante la alimentación.
  6. Restricción en la protrusión lingual del paciente.
  7. Pérdida frecuente de enganche durante la lactancia.
  8. Restricción de la movilidad de la lengua del paciente.
  9. Flujo débil de la leche debido a una succión inadecuada.
  10. Lactancia dolorosa para la madre, sangrado del pezón o infección del seno.

Según el tamaño del frenillo, la longitud de la lengua o el punto de unión entre ambos, los clínicos pueden clasificar la anquiloglosia. En este sentido, Walsh y Tunkel recuerdan que “si bien se han publicado varios sistemas de clasificación, ninguno puede utilizarse de forma consistente debido a la dificultad de medición y la poca practicidad del sistema en la práctica clínica con niños”. En su lugar, proponen la herramienta Hazelbaker para la valoración de la función del frenillo lingual y la clasificación de Coryllos.

El estudio, publicado en JAMA Otolaryngology Head Neck Surgery, también denuncia la escasez de publicaciones sobre la frenotomía y la escasa evidencia científica sobre los beneficios de este procedimiento quirúrgico. “Las tasas de complicaciones informadas para la intervención son bajas y, generalmente, la calidad de vida de la madre mejora tras una frenotomía”, admiten. Aun así, recomiendan estudiar las ventajas o desventajas del corte del frenillo en comparación con otros métodos, como la terapia física, la logopedia, los cambios de posición durante la lactancia o el uso de protectores de pezones.