Para realizar este trabajo, se han analizado datos de unos 500 niños de 12 países europeos diferentes con ERC en estadio 3-5. Casi 2 tercios de ellos padecían también otras anormalidades, como glomerulopatía. Todos tenían déficit de vitamina D, pero aquellos que tomaban suplementos alcanzaban niveles hasta 2 veces más altos.

De acuerdo con el investigador Anke Doyon, de la Universidad de Heidelberg (Alemania), estos suplementos vitamínicos deberían incluirse en las guías médicas para tratar la deficiencia de vitamina D de los menores con ERC. Un déficit que tiene mucho que ver con los cambios estacionales y que también puede incrementar el riesgo de osteoporosis, cáncer, problemas autoinmunes y cardiovasculares.