Las principales autoras de estudio, Sonal Shah, Eulalia Baselga y Catalina McCuaig, de la Universidad de California en San Francisco (California) y el Hospital de la Santa Creu y Sant Pau de Barcelona (España), han estudiado el efecto de este fármaco betabloqueante en un total de 997 pacientes pediátricos.

Durante la investigación, el tratamiento para esta variante tan habitual de tumor infantil tuvo una incidencia de crecimiento por rebrote en el 25,3% de los enfermos. El hijuelo se producía alrededor de los 17 meses de vida mientras la duración media del tratamiento antes del repunte fue de 11,4 meses.

Gracias a una escala analógica visual y al propio estudio de cohorte retrospectivo multicéntrico, las científicas hallaron ciertos factores predictivos, como un patrón segmentario del hemangioma, la ubicación inicial en el cuello o la cabeza, así como género del paciente.

El análisis univariable reveló una diferencia de género, en la que las niñas eran un 1,7 veces más propensas a desarrollar el crecimiento de rebote. Igualmente, los hemangiomas profundos y mixtos también eran 3,3 veces más propensos a reaparecer respecto a los superficiales.

Así mismo, las probabilidades de rebrote eran más altas para los pacientes que abandonaron la toma a los 9 meses de edad en comparación con los que lo hicieron entre los 18 y los 21 meses. Éstos, a su vez, eran más propensos que los que tomaron propranolol hasta los 24 meses y así respectivamente en comparación con el siguiente grupo.

El análisis multivariable confirmó que el género del paciente y la profundidad del hemangioma son los factores más importantes en la aparición de rebrotes.

“La comprensión de estos factores y el sexo femenino del paciente pediátrico pueden ayudar a guiar las decisiones relativas a la duración del tratamiento y estrategias para manejar el crecimiento de rebote sistémico”, subrayan las autoras, “lo más importante es individualizar la atención”.