El trabajo tenía como objetivo determinar si el ejercicio podría proteger frente a la depresión y a la ansiedad de nueva aparición y, en caso afirmativo, qué cantidad de ejercicio y de qué intensidad eran necesarios. También se buscaba indagar en los mecanismos que hay detrás de esta asociación.

El estudio incluyó una cohorte de 33.908 adultos sanos, a los que se realizó un seguimiento durante 11 años. Se recogieron medidas validadas de ejercicio, depresión, ansiedad y un rango de posibles factores de confusión y mediación.

Los resultados mostraron una asociación entre el ejercicio regular y una menor incidencia de depresión futura; no fue así en el caso de la ansiedad.

De acuerdo con el estudio, el 12% de los futuros casos de depresión podrían haberse evitado si todos los participantes hubieran realizado, al menos, 1 hora de actividad física a la semana. De hecho, el efecto protector del ejercicio frente a la depresión se dio sobre todo en niveles bajos de actividad física y se observó con independencia de la intensidad.

Los beneficios del ejercicio para la salud física y social explicaron una pequeña proporción del efecto protector frente a la depresión. Los mecanismos biológicos previamente propuestos, como las alteraciones en el tono vagal parasimpático, no parecían tener un papel en la explicación de dicha protección.