El estudio, publicado en Nature, reclutó a 62 voluntarios aquejados de alexitimia cognitiva -dificultad para identificar, distinguir y expresar emociones– y alexitimia afectiva -alteración de la capacidad emocional creativa-  en distintos grados (grave, media y baja). Todos ellos se sometieron a una serie de pruebas como la identificación de olores y su intensidad, la respuesta emocional a olores neutros, agradables o desagradables y la capacidad de asociar olores en el entorno o a imágenes mentales.

Tras analizar las respuestas emocionales, obtenidas mediante calificaciones autoinformadas y medidas psicofisiológicas como la frecuencia cardíaca o la conductividad eléctrica de la piel, las autoras formularon 2 conclusiones:

  1. Los grupos con alexitimia media o grave mostraban respuestas fisiológicas alteradas en comparación con el grupo de alexitimia baja, aunque no se observaron diferencias en cuanto a la clasificación de los olores.
  2. Los componentes afectivos y cognitivos de la alexitimia se asociaron de manera diferente con el rendimiento en las pruebas olfativas, la respuesta de la conductancia de la piel a los olores, los tiempos de reacción en la tarea de calificación y las puntuaciones en los cuestionarios olfatorios.

“Al contrario de lo que cabría esperar, este estudio muestra cómo las reacciones fisiológicas de los individuos alexitímicos a las emociones inducidas por los olores no son menos intensas, sino todo lo contrario”, resumen las autoras Cinzia Cecchetto, Raffaella Rumiati y Marilena Aiello en una nota de prensa de SISSA. “Es como si, fisiológicamente, se encontrasen en una situación de activación perpetua y extrema en relación con sus emociones que parece hacerlos insensibles a los cambios”, explican sobre la que consideran “una observación contradictoria pero particularmente significativa”.