“En el 85 % de los casos no es posible encontrar una causa precisa del dolor lumbar ni una relación entre la tendencia a la cronicidad de la lumbalgia y las alteraciones estructurales específicas de la columna”, resume el coordinador del estudio, Julio Doménech.

Esta escasa correlación “lleva a pensar que son factores psicosociales -ansiedad, depresión, estrategias para afrontar el sufrimiento, etc-, más que factores biomédicos o biomecánicos, los que están fuertemente ligados a la intensidad del dolor”, concluye.

El paciente catastrófico se enfrenta así a pensamientos recurrentes, repetitivos y exagerados sobre su condición, hasta el punto de anticipar continuamente la amenaza y desesperarse al ver que no puede aliviar un dolor que, de hecho, aún no ha sentido.

El miedo a sufrir “captura por completo la atención del paciente y hace que desarrolle una serie de pensamientos extremadamente negativos” que pueden inducirle a la ansiedad o depresión.

Mientras, la kinesofobia se refiere al intento constante de evitar movimientos que puedan desencadenar los pinchazos lumbares. Esta anticipación obsesiva puede llevar al enfermo a abandonar actividades que aún estarían a su alcance, alejándolo de su vida familiar, laboral y de ocio e intensificando así su nivel de discapacidad. 

“El temor al dolor se asocia a un incremento de la hipervigilancia corporal y se sabe que la hipervigilancia y el desuso están asociados con la exacerbación de la experiencia dolorosa y la discapacidad, creando un círculo vicioso que explicaría la cronificación del dolor lumbar”, concluye el científico.

La perspectiva positiva del estudio, es que todas estas actitudes son “potencialmente modificables mediante un tratamiento biopsicosocial de la lumbalgia crónica”, asegura Doménech, quien aboga por complementar el cuidado quirúrgico y farmacológico con terapias cognitivas y comportamentales.

Se trata de una opción que merece la pena si se tiene en cuenta que estos dolores son el motivo más frecuente de baja laboral en la actualidad y la mayor causa de discapacidad entre menores de 45 años. Así mismo, más del 70% de la población ha padecido dolencias lumbares a lo largo de su vida.

Aunque este tipo de investigaciones ya han despertado interés en zonas de la Europa anglosajona y del este, los resultados no son extrapolables a otros sectores geográficos “debido a las diferencias sociales y culturales entre norte y sur”, explica Doménech.

Por eso “es necesario realizar nuevos estudios entre la población española”, reclama. Los factores emocionales “son fundamentales para entender por qué el dolor lumbar se agrava y perpetúa en el tiempo”, insiste el coordinador, “es esencial evaluar estos aspectos a la hora de plantearse un tratamiento adecuado”.