La crisis de opiáceos que asola Estados Unidos podría tener solución gracias a una nueva vacuna experimental desarrollada por el Walter Reed Army Institute of Research (WRAIR). Se trata de un prototipo basado en anticuerpos que bloquean a la droga y le impiden cruzar la barrera hematoencefálica. La inyección la ha desarrollado un equipo de médicos del programa militar de investigación sobre el VIH del instituto y, hasta el momento, ha demostrado su efectividad con ratas y ratones.

"Al obtener anticuerpos que se unen con la droga en la sangre, la vacuna bloquea la euforia y los efectos adictivos", indica el doctor Gary Matyas, jefe del Programa de Investigación Militar de Estados Unidos (MHRP, por sus siglas en inglés). "Esperamos sacarla al mercado para combatir la crisis de opiáceos que atraviesa el país", subraya el médico.

La investigación ha mostrado que la vacuna produce anticuerpos contra varios tipos de opiáceos comúnmente usados de manera indebida, como la hidrocodona, la oxicodona, la hidromorfona, la oximorfona y la codeína. La vacuna parece amortiguar incluso el impacto de la heroína en una dosis alta, lo que podría indicar un potencial para prevenir la sobredosis.

Recetas y sobredosis

Según fuentes sanitarias estadounidenses, el 4,7% de la población de Estados Unidos ha utilizado opioides recetados en 2015. En el mismo año, casi 29.000 personas murieron debido a una sobredosis de estos fármacos, lo que ha llevado a declarar una “crisis de opiáceos. Los médicos señalan que en los últimos años la prescripción de opiáceos ha estado muy relacionada con el aumento de estas sobredosis.

Según apuntan los expertos, los opiáceos recetados después de cirugías contribuyen a la crisis de opiáceos de 2 maneras: exponen a los pacientes a medicamentos potencialmente adictivos y contribuyen al suministro de drogas opioides en la calle. Los pacientes con consumo crónico tienen más probabilidades de mantener el consumo de estos medicamentos un año después de la cirugía. “Incluso los pacientes que nunca han tomado opioides corren el riesgo de un uso persistente”, escribe el autor.