La presidenta de la APA, María Oquendo, ha criticado que actualmente los fondos destinados a la salud mental suelen suponer un 1% de los presupuestos sanitarios. Tan solo en el 2,8% de los países la salud mental recibe entre el 0,5 y el 5% de los fondos destinados a la salud, asegura. Esta especialista insiste en la necesidad de mejorar la atención a la salud mental puesto que los problemas asociados a estas patologías suponen tasas similares de discapacidad a los déficits nutricionales, la tuberculosis y las patologías perinatales.

A la falta de inversión, la APA añade la ausencia de estrategias definidas. Según ha explicado María Oquendo, muchos países ni tan siquiera tienen una estrategia definida de salud mental, a pesar de que estos trastornos tienen una repercusión muy importante en todos los problemas de salud del individuo.

Los trastornos mentales están presentes en un porcentaje alto de personas que padecen otras enfermedades fisiológicas. Más del 33% de los enfermos de cáncer, del 46% de los pacientes con VIH y del 46% de los tuberculosos sufre depresión, según la presidenta de la APA. El estrés al que se ve sometida la población es uno de los factores que ha desencadenado el incremento de casos de trastorno mental.

El incremento de la incidencia de los trastornos mentales también responde a la disponibilidad de mejores herramientas de diagnóstico, según esta experta. El adelanto de la pubertad en los países más desarrollados también puede incidir, puesto que según señala la APA, el cerebro se desarrolla de una forma distinta durante la adolescencia. Si este periodo se inicia antes, se da también una mayor vulnerabilidad, concluye.