Si el consumo de alcohol pasa desapercibido en las personas con depresión, empeora el pronóstico de su enfermedad puesto que aparece un cuadro adictivo que se cronificará causando problemas hepáticos y cerebrales, entre otros. “Si no se resuelve el caso depresivo tampoco lo hará el del alcoholismo. Es un círculo vicioso”, ha señalado Miguel Casas, presidente de la SEPD.

El tratamiento de ambas patologías ha de ser integrado y no secuencial. En opinión del presidente de la SEPD, la realidad “dista de la situación ideal” porque muchos psiquiatras no preguntan por el consumo de alcohol a los pacientes depresivos. “Sea cual sea la puerta de entrada del enfermo al Sistema Nacional de Salud, si los profesionales no tienen en cuenta la patología dual se complica la situación”, ha añadido.

Uno de los principales riesgos de las personas con depresión es el suicidio. Si a este riesgo se añade el problema de alcoholismo, es probable que aparezcan otro tipo de trastornos y sufrirá de “doble estigma”, ha explicado este especialista. “Sufre y hace sufrir mucho a los demás, además de padecer de problemas orgánicos muy graves y dificultades económicas que todavía empeoran más su situación”, ha concluido el presidente de la SEPD.