En las últimas décadas, los partos antes de término han aumentado entre la población general; tanto que los niños prematuros representan un 8% de los nacidos en Canadá y Estados Unidos. Según recoge la agencia EFE, gracias a las mejoras en los cuidados intensivos neonatales, estos niños de menos de un kilogramo de peso tienen oportunidades de sobrevivir.

No obstante, matiza la directora del análisis, Karen Mathewson, “nuestros hallazgos ofrecen evidencias de que estos individuos nacidos con bajo peso tienen mayor riesgo general que los neonatos con peso normal” y estas dificultades “implican con mayor frecuencia problemas sociales o de atención”, ejemplifica.

Esta conclusión se basa en el estudio de 41 papers que, entre 1990 y 2016, siguieron los casos de 2.712 nacidos con bajo peso y 11.127 sanos, a lo largo de 12 países diferentes de Europa, Australia y América del Norte. Los datos recogidos señalan que, durante la infancia, los trastornos más recurrentes eran de hiperactividad y déficit de atención, mientras en la adolescencia se mantenía el TDAH y aparecían problemas sociales.

Al llegar a la edad adulta, los sujetos que habían tenido problemas de peso al nacer evidenciaron “niveles significativamente altos de ansiedad, depresión y timidez, además de un funcionamiento social notablemente más bajo que la media”, explica Mathewson.

Aunque la tasa de riesgo “parece no variar” en función del lugar de nacimiento o las posibles secuelas neurosensoriales, tales como ceguera o parálisis cerebral, los investigadores sí han señalado que las consecuencias “pueden derivarse de respuestas biológicas del bebé a condiciones prenatales difíciles y al estrés prenatal debido al nacimiento prematuro”.