Begoña Charro y María Sánchez, especialistas de la Unidad de Trastornos de la Alimentación de AMSA-Grupo IMQ, han destacado que las comidas abundantes de estas fechas suponen un sufrimiento para estas personas y sus familiares. “No es que el trastorno de alimentación se inicie en navidades, pero sí sabemos que una fecha de inicio de estas patologías es el verano, y cuando empiezan las clases, al comer en el colegio, estas conductas pasan desapercibidas”.

Tal y como señalan estas especialistas, durante el verano hasta diciembre “les es más sencillo escaquearse, pero en Nochebuena deben sentarse con toda la familia. Es un momento en el que hay mucha exposición de alimentos, y en el que pueden aparecer conflictos y malestar”.

Las especialistas de la Unidad de Trastornos de la Alimentación consideran que determinados indicadores pueden ser vitales para detectar señales de alerta ante posibles casos. Así, apuntan a la restricción de comidas, el cumplimiento de dietas de forma inflexible, la inseguridad en relación al peso adecuado para parar, negación y control del hambre, cambios bruscos de los gustos alimentarios o beber grandes cantidades de agua antes de las comidas.

La restricción de alimentos no solo altera la salud física de las personas que sufren anorexia o bulimia, sino que afecta a su mundo emocional y racional, según estas expertas. Los enfermos presentan alteraciones psicológicas que van desde la distorsión de su imagen corporal hasta conductas autodestructivas como provocarse vómitos, ingesta de laxantes, etc.