La investigación de la Universidad de Zurich ha puesto de manifiesto que aumentar el ejercicio físico en pacientes con EPOC reduce el riesgo de ansiedad y depresión. Los responsables del estudio detectaron que el nivel de ejercicio físico entre los pacientes con EPOC es reducido debido a las comorbilidades que presentan.

Tras realizar un seguimiento de 5 años de la actividad física de estos enfermos, detectaron que el riesgo de ansiedad se redujo un 11% y el de depresión un 15% al aumentar el ejercicio físico en los pacientes. Por tanto, concluyen que “en pacientes con EPOC, aquellos que realizan más ejercicio físico son menos propensos a desarrollar depresión o ansiedad con el tiempo”. En este sentido, consideran efectivo implementar programas de promoción de la actividad física para disminuir la carga de trastornos mentales en pacientes con EPOC.

Los problemas físicos, cognitivos y psicológicos son otros factores que contribuyen a que aparezca un cuadro depresivo. Estos problemas son frecuentes entre los pacientes que han estado en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), de ahí que hasta un tercio de ellos desarrolle una depresión tras abandonar la UCI.

Un estudio recogido por MedlinePlus y dirigido por la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, revela que un 29% de los pacientes desarrolla depresión leve 2 meses después de haber abandonado la UCI. Transcurrido ese mismo tiempo, un 17% de los pacientes padece una depresión moderada o grave.

 

A los 6 meses de haber abandonado la Unidad de Cuidados Intensivos, la tasa de depresión leve se eleva al 34% de los pacientes de la UCI, y la grave alcanza el 13% a los 12 meses de haber recibido el alta. Estos resultados ponen de relieve que tasa de depresión en los pacientes de la UCI es de 3 a 4 veces más alta que en la población general.

La eficacia del tratamiento de la depresión puede verse alterada por las condiciones ambientales. Así lo sugiere un estudio de del Istituto Superiore di Sanità que afirma que las circunstancias a las que se enfrentan las personas pueden influir en el funcionamiento de un antidepresivo. Según destaca la investigación, el aumento de los niveles de serotonina que producen los antidepresivos no genera una recuperación de la depresión.

Lo que ocurre es que aumenta la plasticidad del cerebro, por lo que está más abierto a cambiar. Esta investigación apunta que son las condiciones ambientales con las que se encuentra el paciente en el momento del tratamiento las que determinan si es probable mejorar o empeorar.

La ansiedad y el estrés son trastornos psiquiátricos muy presentes en la sociedad actual. En los últimos años se ha avanzado bastante en su tratamiento. En el caso de la ansiedad, investigadores de la Universidad de Vermont han detectado la conexión que tiene con el dolor crónico.

Estos investigadores han hallado que el incremento de la expresión del neurotransmisor péptido PACAP (responsable de la respuesta nerviosa en situaciones de estrés) también se produce en la respuesta al dolor crónico.  Este estudio ha constatado que la ansiedad y la hipersensibilidad al dolor se reducían si se aplicaba un antagonista del PACAP.

Sin embargo, la clave para luchar contra el estrés y la ansiedad puede residir en las neuronas. Así lo considera una investigación liderada por el Hospital Infantil de Boston, publicada en Molecular Psychiatry. Según este estudio, se han identificado en el hipotálamo células clave en el desencadenamiento de la ansiedad clínica.

Los científicos realizaron un bloqueo selectivo de la hormona del estrés liberadora de la hormona corticotropina (CRH, por sus siglas en inglés), en lugar de bloquearla en todo el cerebro, como se había hecho hasta ahora. De esta forma eliminaron mediante ingeniería genética el gen CRH en un millar de células del núcleo paraventricular del hipotálamo. La pérdida de CRH afectó a la secreción de hormonas y, además, redujo drásticamente los comportamientos de ansiedad.

La sobreprotección también puede desencadenar un problema de ansiedad. Los resultados presentados durante la XV Reunión de la Sociedad Vasco-Navarra de Psiquiatría muestran que la ansiedad infantil es muy prevalente, hasta el punto de que estos trastornos constituyen el 40-50% de las consultas de Psiquiatría Infantil y el 5-10% de los motivos de visita al pediatra.

 

“Cuando un niño se cae mientras juega, los padres no deben mostrar demasiada preocupación, si no la tiene, porque el niño percibe sensaciones negativas y cuando vuelva a jugar puede asociar un miedo desproporcionado”, ha afirmado Azucena Díez, de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Adolescente del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra, para quien “los padres ansiosos son los que tienden a sobreproteger más a sus hijos”.

Predecir el riesgo de suicidio es otra de las metas actuales de la Psiquiatría. Detrás del 85% de los intentos de suicidio se encuentra un trastorno psiquiátrico. Según un informe de Avances Médicos (AMSA), detrás del 85% de los intentos de suicidio se encuentra un problema o un trastorno psiquiátrico, siendo la depresión el más frecuente.

La depresión es uno de los factores de riesgo más importantes en los casos de intentos de suicidio, según José María Galletero, director médico de Avances Médicos. “En España se produce un suicidio consumado cada 4 días y 3 intentos al día”, ha señalado. Para evitar los intentos de suicidio es imprescindible tratar de identificar y prevenir estas conductas.

Precisamente con este cometido se han puesto en marcha los registros electrónicos de salud. Un estudio publicado en The American Journal of Psychiatry, ha constatado que la recopilación de los datos clínicos en los llamados registros electrónicos de salud puede ayudar a detectar de forma precoz el riesgo de suicidio entre los pacientes. El registro electrónico de salud alcanza un grado de especificidad para predecir el suicidio de entre el 90 y el 95%, y permite adelantarse entre 3-4 años a la hora de detectar los comportamientos de riesgo, según este estudio.

Los expertos han advertido de que el riesgo de suicidio puede verse incrementado si se produce una infección durante un ingreso hospitalario. Un estudio publicado en JAMA indica que existe una relación entre contraer una infección durante un periodo de hospitalización y el riesgo de cometer suicidio.

Los investigadores apreciaron que la mayoría de los suicidas habían sido tratados por infección durante más de 3 meses, lo cual hace pensar que una reacción al tratamiento pueda ser el causante de una patología psicológica o de algún tipo de desorden mental que lleve al comportamiento suicida.