Según informa el Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber), el estudio se realizó sobre una muestra de 943 discapacitados intelectuales. Los resultados mostraron que el 29% de la población padecía una enfermedad mental comórbida a la discapacidad intelectual y de ellos, un 26% eran trastornos del espectro autista. Un 21% padecía psicosis mientras que un 20% sufría trastornos de conducta.

El Proyecto Pomona puso de manifiesto que, pese a que solo el 29% de los discapacitados intelectuales contaba con un diagnóstico psiquiátrico, el 63% de ellos tomaba algún tipo de medicación psiquiátrica. El 84% de los discapacitados intelectuales estudiados, tomaba algún tipo de medicación diariamente, siendo la psiquiátrica el 65% de toda la medicación indicada.

La medicación media diaria entre estos pacientes es de 4,25 medicamentos diferentes. Los anticonvulsivos, los ansiolíticos, los neurolépticos, los antidepresivos y los hipnóticos son los fármacos más frecuentes entre los discapacitados intelectuales que padecen una enfermedad mental.

Los investigadores han alertado de la falta de información entre los familiares, profesionales y otras personas cercanas en relación a aspectos básicos de los discapacitados intelectuales tales como el cociente intelectual, la estatura o el peso. Asimismo, el estudio revela que en un 34,6% de las ocasiones, el diagnóstico de la discapacidad intelectual se realiza en base, únicamente, a la impresión clínica.

El objetivo del Proyecto Pomona es ofrecer un conocimiento científico más profundo de las necesidades de los discapacitados intelectuales para poder planificar, impulsar y reivindicar acciones y políticas que mejoren la atención sanitaria a este colectivo.