Un espray de ketamina S produce una mejora rápida de los síntomas de depresión, incluidas las ideas suicidas. Así lo concluye un estudio de investigadores de la Universidad de Yale (Estados Unidos) en el que se advierte de los riesgos de abuso y de la necesidad de realizar controles efectivos. Los resultados se han publicado en la revista The American Journal of Psychiatry.

Tal y como informa la agencia SINC, un trabajo publicado en Science en 2010 describía los efectos de la ketamina en las células cerebrales de ratas afectadas por la depresión. En 2016, otro estudio publicado en Nature mostraba cómo la ketamina mejoraba la depresión en ratones una vez que el hígado descomponía la sustancia en moléculas más pequeñas.

A pesar de la evidencia existente en torno a los beneficios de la ketamina para tratar la depresión, no se ha aprobado su uso para la práctica clínica, según explica el Eduard Vieta, jefe de Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona, donde existe un protocolo de uso compasivo de ketamina para pacientes con depresión grave y resistente a las terapias habituales.

El último artículo publicado demuestra que un espray nasal de ketamina S tiene beneficios a corto plazo en pacientes depresivos. El estudio -doble ciego- incluyó a 68 participantes, a los que se le administró aleatoriamente ketamina o un placebo 2 veces a la semana durante 4 semanas. Se observó una mejoría significativamente mayor en el primer grupo.

Náuseas, mareos, disociación, sabor desagradable y dolor de cabeza fueron los efectos adversos más comunes entre los participantes en el ensayo, cuyos autores consideran que esta terapia podría solventar el retraso en el tratamiento que se produce como consecuencia del efecto retardado de la mayoría de los fármacos antidepresivos, que precisan de 4-6 semanas para ser efectivos.

Aunque estos resultados son esperanzadores, los expertos advierten de los posibles peligros de la ketamina. Así, por ejemplo, Francesc Artigas, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB/CSIC), recuerda que se trata de una sustancia psicotrópica con riesgos elevados asociadas tanto a su consumo puntual como crónico. “Puede crearse una adicción y desencadenarse una psicosis si lo consumen adolescentes o personas de alto riesgo”, apunta el investigador, que ha participado en ensayos en fase III con efectividad probada en minutos en la etapa depresiva del trastorno bipolar.