Esta especialista experimentada opina que la radiología oncológica no tiene la visibilidad que le gustaría, “a pesar de ser el eje principal del tratamiento, sobre todo en el cáncer de mama”. Desde su punto de vista, el radiólogo es alguien oscuro, metido en un sótano, que no da la cara y suelta un informe en papel, aunque “eso está cambiando, ya que nos hemos convertido en la fuente informativa de primera mano para al paciente, ahora que los enfermos se empoderan”.

Manchón se preocupa por sus pacientes y es de las que dicen que hay que calmar al enfermo a través de la información: comentarles cualquier cambio en su estado o comunicarle el diagnóstico con cariño. “Nada de entregarle un sobre con los resultados y dejar que se marche solo, si no acompañar al paciente en los momentos críticos”. La doctora piensa que, si no se trata a las personas de esta manera, el enfermo asocia cáncer a muerte y, hoy en día, no tiene porqué ser así.

La quimioterapia es el coco”, dice la experta cuando se le pregunta sobre este tratamiento. “Si le dices a un paciente que tiene cáncer, este se desmonta, pero si le comentas que no tiene que someterse a la quimioterapia, se recompone. Aun así, Manchón asegura que este tratamiento se encuentra en un momento de evolución, ya que se estudian cada vez más otro tipo de tratamientos sin tanta toxicidad para el paciente.

A pesar de dilatada experiencia, la médica asegura que no se acostumbra a tratar con pacientes oncológicos. “Ves gente muy joven, casos muy desesperados a los que no puedo aportar ninguna esperanza, y eso te duele”. Manchón lo tiene claro, hay que informar al paciente, pero también hay que racionar esta información, de lo contrario, se puede abrumar al enfermo. La radióloga asegura que no hay que engañar a nadie, pero que tampoco hay que anticipar al paciente información que no necesita o que no le aporta ningún bien.