Según publica la revista Reumatología Clínica, la paciente reportaba extensión del dolor hacia la columna dorsal y lumbar, por lo que había acudido hasta en 3 ocasiones al servicio de Urgencias donde se le prescribió tratamiento analgésico y antiinflamatorio, y al de Atención Primaria, donde comenzó un tratamiento con 10 mg/día de rednisona.

Una vez derivada al servicio de Reumatología, los especialistas comprobaron que no existía cuadro infeccioso previo, cirugía o manipulación reciente y, tras una exploración física al ingreso, observaron rigidez a cualquier intento de movilización de la columna cervical, dolor a la presión de las espinosas lumbares, sin signos de afectación radicular y con reflejos osteotendinosos conservados.

La radiografía cervical evidenció osteopenia difusa sin colapsos vertebrales y espondilolistesis degenerativa grado I de L5, mientras la gammagrafía ósea, mostró focos de moderada hipercaptación en C7, raquis dorsal, lumbar y sacro, sin focos de captación fuera del raquis. Los estudios de tomografía computarizada toracicoabdominal y la ecografía ofrecieron resultados normales.

La mujer también fue sometida a una resonancia magnética de columna a partir de la cual se detectaron alteraciones de la señal de los cuerpos vertebrales de forma difusa en C7 y parcheada en la mitad anterior de D1 y D2, con hundimiento del platillo superior de C7, así como componente de partes blandas anterior a los cuerpos vertebrales que se extendía desde C4, en forma de ocupación lineal, hasta D1/D2, con máxima afectación por delante de C7.

Durante el ingreso, el dolor comenzó a extenderse por las articulaciones esternoclaviculares, con leves signos inflamatorios locales. Además, desarrolló acné en el tórax y la espalda y algunas lesiones pustulosas en las plantas de ambos pies. Tras someterse con resultado negativo a un test de tuberculina (PPD) y a la detección de interferón gamma en sangre para tuberculosis, el tratamiento se orientó como una osteítis vertebral múltiple no infecciosa asociada a pustulosis (SAPHO).

“Por la presencia de osteítis múltiple no infecciosa, artritis esternoclavicular, y la ulterior aparición de pustulosis plantar, se orientó como síndrome SAPHO”, justifica Lourdes Mateo, autora principal del estudio, quien asegura que, el tratamiento con infliximab por vía intravenosa “consiguió la mejoría clínica, analítica y de las alteraciones radiológicas”.

Por todo ello, “la osteítis vertebral en el SAPHO puede presentarse como lesiones osteolíticas múltiples”, concluye Mateo; “el tratamiento con fármacos antifactor de necrosis tumoral alfa es eficaz en el control de las manifestaciones clínicas y puede mejorar la evolución radiológica y de RM de las lesiones óseas”.