Según informa la universidad, se trata del primer trabajo que examina los cambios estructurales que tienen lugar en los cerebros de los astronautas durante los vuelos espaciales. Para llevarlo a cabo, un equipo dirigido por Rachael Seidler examinó resonancias de 12 cosmonautas que pasaron 2 semanas en una lanzadera y de 14 que pasaron 6 meses en la International Space Station.

“Descubrimos una disminución de volumen de grandes regiones de materia gris, que podría estar relacionada con una redistribución del líquido cefalorraquídeo en el espacio”, señala la investigadora, quien explica que la ausencia de gravedad podría dar lugar a un cambio en la posición del cerebro, igual que causa modificaciones en la estructura facial (la famosa “cara hinchada”).

Los científicos encontraron también aumentos en el volumen de la materia gris de regiones que controlan el movimiento y procesan la información sensorial de las piernas. Esto podría estar relacionado con los cambios que provoca en el cerebro el aprendizaje del movimiento en microgravedad.

Estos cambios equivaldrían a los que se producirían en una persona que está practicando una actividad nueva 24 horas al día. “En el espacio se da un ejemplo extremo de neuroplasticidad en el cerebro, porque estás en un ambiente de microgravedad 24 horas al día”, destaca Seidler, según la cual los cambios cerebrales podrían reflejar nuevas conexiones entre las neuronas.

Asimismo, lidera otra investigación a largo plazo que ayudará a determinar las repercursiones en la cognición y el rendimiento físico. Por otro lado, ha realizado un estudio de reposo en cama a largo plazo que ha mostrado que el cerebro se desplaza hacia arriba después de pasar hasta 3 meses en posición inclinada hacia abajo.