De acuerdo con los autores, la nefropatía por contraste yodado (NCI) es un diagnostico frecuente, por lo que a menudo se intenta evitar la exposición al contraste en pacientes de riesgo. Sin embargo, existe una “notable” confusión sobre esta realidad como consecuencia de la heterogeneidad de los criterios diagnósticos.

Con el fin de arrojar luz sobre esta situación, los investigadores realizaron un estudio prospectivo entre cerca de un centenar de pacientes varones de 77 años de media a los que se les acababa de realizar una tomografía computarizada (TC) de control por un aneurisma aórtico o endoprótesis vascular, en régimen ambulatorio y estables clínicamente, con filtrado glomerular estimado <60 mlx’/1,73 m2.

Previo consentimiento informado, se determinó la creatinina basal y a las 48 horas de la TC. Se estableció en 1‘2 ml/kg la dosis de contraste (iopromida-Ultravist® 300) y se definió como NCI un incremento ≥25% de la creatinina basal tras la administración del contraste. Este se usó en todos los pacientes en la primera TC. A 36 de ellos se les repitió la prueba sin contraste a los 6 meses.

Después de administrar el contraste, el filtrado glomerular disminuyó más del 20% respecto al basal en 7 casos; por el contrario, se observó un incremento superior al 20% en 8 casos. No se observaron diferencias al analizar los cambios según el grado de función renal basal. Ninguno de ellos cumplió el criterio diagnóstico de NCI.

Con estos datos, los autores concluyen que la administración de contraste yodado por vía intravenosa es segura en las dosis utilizadas. “La pérdida de información diagnóstica al solicitar una TC sin contraste puede tener consecuencias desfavorables”, afirman los investigadores, para los que es probable que se hayan diagnosticado como NCI procesos intercurrentes concomitantes.