En el marco de una mesa sobre personalización del diagnóstico senológico, la experta ha hablado de los riesgos asociados a las técnicas que utilizan radiación ionizante, entre las que destaca la mamografía; una prueba que continúa siendo la estrella en el cribado poblacional que se realiza para prevenir el cáncer de mama.

De acuerdo con Chevalier, el mayor riesgo es la radioinducción de un cáncer; para tratar de evitarlo, se intenta controlar la dosis de radiación en tejido glandular, que es la que podría inducir un tumor maligno. Según ha explicado, la dificultad de determinar el tejido glandular de una mama hace que hasta ahora se haya apostado por usar una mama promedio constituida a partes iguales por tejido graso y tejido glandular.

Los datos, sin embargo, indican que la mayoría de las mujeres tiene menos de un 50% de tejido glandular en sus mamas. “Usando ese promedio, se está subestimando la dosis”, ha afirmado la especialista, para la que “la dosis no debe comprometer nunca la capacidad de diagnóstico” de la mamografía. “Los mamógrafos con control automático han permitido una estimación más fina”.

Tomosíntesis, una alternativa

Los avances en Imagen mamaria han permitido también introducir en este campo otras técnicas que mejoran el diagnóstico. Así, por ejemplo, la tomosíntesis se presenta como una alternativa a la mamografía para mamas densas, en las que esta última prueba pierde eficacia. Algunos fabricantes, además, han introducido la posibilidad de obtener una imagen 2D a partir de la tomosíntesis.

De esta forma, se evitan duplicidades y se garantiza la imagen 2D, imprescindible para el diagnóstico, tal y como ha apuntado Chevalier, que ha descartado en su ponencia la posibilidad de reducir la presión de la mamografía por la inexistencia de evidencias científicas. “La compresión reduce la dosis, reduce la radiación dispersa, por tanto aumenta el contraste”, ha asegurado a preguntas del moderador de la mesa, Miguel Ángel de la Cámara.

“Es un elemento fundamental para tener una calidad de imagen y una dosis adecuada”, ha subrayado la radiofísica sobre una técnica abordada en la misma mesa redonda por la radióloga Mercedes Acebal, jefa del servicio de Diagnóstico por Imagen del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga y representante de la Sociedad Española de Imagen Mamaria (SEDIM) y de la Sociedad Española de Radiología Médica (SERAM).

Mercedes Acebal durante su intervención en la jornada. SEGRA.

Según la especialista, existe consenso sobre la realización de mamografías cada 2 años con 4 proyecciones como mecanismo de prevención del cáncer de mama, “un problema de Salud Pública” por su alta prevalencia entre las mujeres y porque puede provocar la muerte. “En la franja de edad aún puede existir controversia”, ha reconocido la radióloga.

Al hilo, ha explicado que el cribado se centra en mujeres asintomáticas de entre 50 y 69 años porque es la edad en que existe mayor probabilidad de padecer un cáncer. Un rato antes, sin embargo, la también radióloga Silvia Pérez Rodrigo, que coordina la Unidad de Patología Mamaria del Hospital Universitario Ramón y Cajal, ha apostado por ampliar el cribado poblacional a mujeres de 40 a 75 años.