Los expertos señalan que el noma aparece como consecuencia de una malnutrición crónica, poca higiene oral, mal ambiente socio sanitario, exposición a material fecal animal y humano, exposición a infecciones virales y bacterianas y debilidad por enfermedades concurrentes. Sus signos habituales incluyen dismorfismo mandibular, fusión de la maxila a la mandíbula, osteolisis mandibular y anquilosis de la articulación mandibular.

La investigación apunta que la cirugía es necesaria para curar la anguilosis mandibular y, generalmente, consiste en la resección del hueso anquilótico y la reconstrucción mediante tejido autólogo. La rehabilitación postoperatoria es un aspecto fundamental para la obtención de un resultado favorable, pues en la mayoría de los casos se trata de niños, unos pacientes poco colaboradores.

Los médicos aseguran que la ortopantografía y el TAC son primordiales para distinguir el estadio de la enfermedad y facilitar la elección del tratamiento más adecuado. El estudio indica que las secuelas del noma agudo dependen en gran parte de la afectación, de la extensión y de la severidad de los tejidos destruidos, así como del estadio de desarrollo del complejo orofacial previo al establecimiento de la lesión. Todo esto puede conllevar el desplazamiento de los dientes, desfiguración, cicatrización intensa, fusión ósea entre la maxila y la mandímandíbula, trismus y regurgitación nasal si se pierde la maxila.