La primera ablación septal percutánea realizada fuera del sistema público de salud se ha llevado a cabo recientemente en el Hospital Quirónsalud Barcelona. La intervención, que ha sido exitosa, está indicada para pacientes que padecen hipertrofia septal obstructiva y no responden de forma adecuada a los tratamientos médicos. 

En este caso, las alternativas médicas le producían al paciente al que se ha realizado la ablación septal percutánea braquicardias y fuertes cefaleas que afectaban a su calidad de vida, tal y como ha explicado el cardiólogo Jaume Riba, encargado de realizar su seguimiento. “Como no padecía ninguna alteración de las válvulas -aclaraba-, una miectomía quirúrgica se dejó como segunda opción”.

Finalmente, se optó por la ablación septal percutánea, una técnica que consiste en provocar un infarto controlado en el paciente para reducir de esta manera el grosor del músculo hipertrofiado que causa los problemas; el paciente intervenido, en concreto, padecía disneas que le impedían realizar esfuerzos, hasta el punto de imposibilitarle llevar a cabo su actividad profesional durante el último año.

El experto en hemodinámica Bruno García ha sido el encargado de llevar a cabo la ablación septal percutánea asistido por la experta en imagen Laura Galián, que se ha encargado de efectuar la ecocardiografía transtorácica con la que se ha delineado el territorio de cada uno de los ramos septales del corazón del paciente. Ambos forman parte del equipo liderado por la doctora Pilar Tornos.

Técnica compleja

La ablación septal percutánea es una técnica compleja que necesita de un equipo multidisciplinar. En un primer momento, se realiza un cateterismo y una ecografía simultánea, con el fin de detectar la zona del músculo del corazón que es excesivamente gruesa y provoca la obstrucción de la sangre a la salida del ventrículo.

“Una vez detectado, hemos de buscar la rama septal de la coronaria que irriga esa zona, obstruirla y alcoholizarla. De esta forma, se matan las células de esa porción de músculo cardiaco y se produce un infarto controlado”, comentaba el responsable de la intervención, cuyo último objetivo es provocar una cicatriz que reduce el grosor del músculo septal y aumenta el caudal sanguíneo.

“Transcurridos entre 3 y 6 meses, se tiene que comprobar que la cicatrización se ha estabilizado y se mantiene el ancho necesario, como es el caso del paciente que hemos tratado en el Hospital Quirónsalud, que presenta una evolución muy favorable”, añadía el especialista, que recuerda que entre las contraindicaciones de la ablación septal percutánea está el grosor insuficiente del tabique.

“Me encuentro perfectamente. Era un no vivir. No podía hacer ninguna actividad, el cansancio era tremendamente frustrante. Tener que medirte las fuerzas hasta para ir a buscar el coche… ahora ya me han dado permiso para volver a coger la bici. Era impensable hace un año”, declaraba el paciente en su última revisión.