El procedimiento, que garantiza una mayor precisión en el diagnóstico, requiere la inyección intravenosa de gadolinio como sustancia de contraste y, 4 horas después, la realización de una resonancia magnética de 3 teslas de potencia, la máxima cantidad permitida actualmente para el estudio de un cuerpo humano.

La combinación de ambas técnicas permite observar la dilatación del espacio endolinfático, ya que, gracias a la sustancia inoculada, la perilinfa puede verse brillar en comparación con el líquido endolinfático que permanece oscuro y, en casos de enfermedad de Ménière, más abundante.

Según el especialista en radiodiagnóstico, Pablo Domínguez, se trata de un “procedimiento de diagnóstico no invasivo y muy preciso” que se consigue mediante algunas modificaciones de la secuencia principal de resonancia magnética T2 FLAIR, habitual en la resonancia magnética cerebral. En cualquier caso, matiza, la colaboración multidisciplinar entre radiólogos y otorrinolaringólogos es esencial.