“Aunque se pensaba que la obesidad favorecía la salud ósea, estudios recientes han demostrado que existe una mayor incidencia de fracturas de antebrazo en jóvenes con obesidad", explica Miriam A. Bredella, autora principal del estudio, radióloga en el Massachusetts General Hospital.

El grupo de investigación, liderado por Bredella, reclutó a 23 adolescentes que tenían un índice de masa corporal (IMC) de 44 kg/m2, para poder determinar la relación entre la obesidad en la adolescencia y la estructura ósea. “En la adolescencia asignamos el pico de masa ósea, por lo que la pérdida ósea durante esta etapa es un problema grave”, explica Bredella.

“Sabemos que el aumento del riesgo de fracturas se produce en la etapa adulta en estados crónicos que han inducido la pérdida de masa ósea durante la adolescencia, como la anorexia nerviosa. Este riesgo persiste aunque la persona haya recuperado un peso corporal normal, por lo que es importante hacer frente a este problema desde el principio”, añade Bredella.

Diagnóstico por imagen

Los investigadores utilizaron una prueba de imagen muy avanzada: tomografía computarizada cuantitativa periférica de alta resolución en 3D (3D HR-pQCT). A través de esta prueba, pudieron medir la densidad mineral del hueso y la microarquitectura ósea en los brazos y las piernas para determinar la estructura ósea del radio distal.

Asimismo, realizaron absorciometría con rayos X de doble energía (DXA) para analizar la composición corporal, que incluye la masa magra y la masa grasa visceral. En aquellos adolescentes con obesidad visceral, se pudo comprobar que la hormona de crecimiento, necesaria para la salud ósea, era menor.

“La grasa visceral tiene efectos negativos en los huesos, pues segrega sustancias que promueven la inflamación crónica. Esta a su vez, estimula la formación de osteoclastos. Además, la vitamina D es soluble en el tejido adiposo y se encuentra almacenado en el interior de los adipocitos”, explica Bredella.

El IMC se asoció positivamente con el grosor y la porosidad del hueso cortical, así como con la densidad, volumen e integridad del hueso trabecular. Una alta cantidad de grasa visceral, junto con una baja cantidad de masa muscular, aumentó el riesgo de tener una estructura ósea debilitada.

“La mejor manera de prevenir la pérdida ósea es una dieta saludable que tenga cantidades adecuadas de calcio y vitamina D, y que se combine con suficiente ejercicio físico, ya que, tal y como hemos demostrado en el estudio, la masa muscular es buena para la salud ósea”, explica Bredella, autora del estudio.