Tal como publica la Revista Española de Enfermedades Digestivas, la mujer acudió a los servicios de urgencias aquejada de dolor abdominal localizado en epigastrio que, según refirió, se irradiaba hacia ambos hipocondrios. Estos síntomas venían acompañados de náuseas, vómitos y distensión abdominal.

La analítica a la que fue sometida la paciente mostró leucocitosis con predominio de neutrófilos y un marcado aumento de deshidrogenasa del ácido láctico (LDH); mientras los niveles de amilasa y la gasometría venosa, así como los parámetros bioquímicos de perfil hepático y biliar, permanecían en sus límites normales.

En ese momento, el equipo realizó una ecografía y una radiografía simple del abdomen, donde se apreció dilatación de asas de delgado con presencia de gas distal. Las imágenes evidenciaban la presencia de quistes simples renales, sin lesiones ni líquido libre intraperitoneal y sugerían una suboclución intestinal.

El rápido empeoramiento clínico de la paciente durante la hospitalización obligó a los especialistas a solicitar un TAC abdóminopélvico en el que se apreciaba ateromatosis en la aorta abdominal, oclusión completa en el tercio medio de la arteria mesentérica superior y una distensión generalizada con edema. Con este diagnóstico el equipo procedió a intervenir a la mujer mediante laparotomía. Durante la cirugía se evidenció la isquemia mesentérica masiva con afectación de colon derecho y yeyuno.

Tras constatar la muerte de la paciente, una hora después de la operación, los expertos reiteraron “la importancia de un diagnóstico precoz y una intervención rápida que permitiese restaurar el flujo sanguíneo mesentérico, previniendo de esta forma la necrosis intestinal”. Además, “en caso de irritación peritoneal y sospecha de infarto intestinal, debería realizarse la laparotomía urgente”.