Según señalan los autores del trabajo, la radiografía abdominal ha sido la herramienta de diagnóstico más utilizada en Estados Unidos para comprobar la existencia de daños tras una colonoscopia, pero el TAC torácico aporta más detalles y precisión sobre posibles daños como perforaciones estomacales, hemorragias e inflamaciones, y es capaz de ofrecer al médico un diagnóstico rápido sobre cualquier posible complicación.

“Es una información muy interesante para los radiólogos, ya que en el caso de que el paciente haya sufrido daños durante la colonoscopia, tenemos que saberlo cuanto antes para tratar la complicación de la forma más efectiva, aun así, debemos señalar que las probabilidades de que un paciente sufra daños en la prueba en muy baja, pero hay que estar preparado”, señala Robin Levenson, uno de los autores del artículo.

Según el estudio, las complicaciones provocadas por una colonoscopia ocurren menos de una vez cada 100 casos, pero sus efectos son devastadores para el cuerpo del paciente: sangrados, infecciones e incluso la muerte. En Estados Unidos se practican alrededor de unos 14 millones de colonoscopias anualmente. De esta cantidad, los casos de complicaciones después de la prueba solo han llegado a un tercio y, la mayoría de ellos correspondían a dolencias leves y fáciles de remediar.