Una nueva RMN (resonancia magnética nuclear) podría monitorizar a pacientes con el objetivo de conocer las características terapéuticas y tóxicas del uso de nuevos tratamientos. El Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF) explica que la nueva RMN que han desarrollado determina el perfil metabólico de distintos tipos de células de sangre periférica de forma sencilla y reproducible.

Una simple extracción de sangre es suficiente para lograr una muestra que ofrezca información sobre el perfil metabólico del suero o del plasma. Por el momento, los metabolitos de las células sanguíneas solo se habían determinado mediante la espectrometría de masas, si bien esta nueva RMN permite la reutilización de la muestra para un posterior análisis y la identificación de los metabolitos.

“El metabolismo de las distintas células presentes en la sangre periférica, incluyendo los glóbulos rojos y distintos tipos de glóbulos blancos, pueden reflejar el estado patofisiológico del organismo, por lo que este nuevo análisis puede contribuir al diagnóstico de distintas enfermedades. Por otro lado, puede ser una primera prueba sobre la biocompatibilidad humana de nuevos fármacos”, ha indicado Martina Palomino-Schätzlein, investigadora del CIPF.

Pruebas con nanopartículas

El estudio, publicado en la revista Plos One, ha analizado las capacidades de esta metodología mediante la evaluación de nuevos tratamientos basados en nanopartículas de oro. Los investigadores observaron cómo varios compuestos de oro estabilizados con distintas sustancias modificaban el metabolismo de las células de sangre periférica.

J. Raul Herance, del Institut de Recerca Vall d'Hebron (VHIR), explica que han sido pioneros en utilizar la nueva RMN en células sanguíneas pues, hasta ahora, se había utilizado en suero y plasma. “Mientras que las investigaciones tratan de obtener biomarcadores circulantes, nosotros, por primera vez, empleamos la RMN para buscar biomarcadores en distintos tipos de células de sangre periférica que tiene un campo con gran potencial”.

Los compuestos conocidos por tener una mayor toxicidad eran los que más cambios provocaban en los metabolitos y que afectaban mucho a nivel mitocondrial. Según pudieron comprobar los investigadores, eso no se producía en compuestos menos tóxicos. Por ello, esta nueva metodología podría jugar un papel importante para trasladar nuevos tratamientos basados en nanomedicina a la clínica, sugieren los autores.