El pasado 12 de julio, los estudios con células T modificadas genéticamente que se estaban llevando a cabo en las instalaciones de Juno Therapeutics, quedaron paralizados a causa de la muerte de 3 voluntarios. Entre el mes de mayo y julio, todos ellos, menores de 25 años, sufrieron una reacción tóxica que originó una acumulación mortal de líquidos en el cerebro.

Los científicos insistieron entonces en “no precipitar las conclusiones sobre los riesgos de las células CAR-T”, ya que, a pesar de tratarse de ensayos clínicos muy reducidos, estos glóbulos rojos rediseñados también habían conseguido remisiones duraderas del cáncer en otros pacientes. Argumentaron, que “la tecnología tiene muy pocos años de vida y aún no han podido establecerse los estándares de seguridad a largo plazo”.

La respuesta a estas alegaciones ha llegado tan sólo 2 días después, aunque Juno Therapeutics había estimado un plazo de aproximadamente 30 días. Algunos medios, como Scientific American se han hecho eco de estos “inusuales” plazos para un organismo que suele ser “muy conservador en cuando a la seguridad farmacológica”, dicen los periodistas del medio.

“Otras compañías languidecen durante meses esperando una respuesta de la FDA”, aseguran, “Novartis y Kite Pharma están trabajando con terapias similares y, aunque ninguno ha reportado inflaciones cerebrales, se han enfrentado a escrutinios más estrictos”, ejemplifican. Por ejemplo, “Zafgen, un grupo de biotecnología, suspendió su investigación sobre la obesidad tras la muerte de dos pacientes”.

Finalmente, la FDA ha determinado que los experimentos pueden seguir su curso a condición de eliminar el medicamento quimioterápico para la preparación de pacientes, que supuestamente originó las interacciones con los CAR-T. Juno Therapeutics ya está adaptándose al nuevo protocolo.