Así lo ha reflejado el último Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR) del Centers for Disease Control and Prevention (CDC) que señala un aumento del 20% en el porcentaje de adultos que consideran disminuida su calidad de vida y que han pasado de ser el 35,9% en el año 2000 al 42,8% en 2014.

Levantar una bolsa de supermercado o conducir un coche son algunas de las actividades que los síntomas dificultan, especialmente cuando la patología se produce de forma paralela a otra enfermedad. Así, por ejemplo, “casi un tercio de los adultos obesos y, aproximadamente, la mitad de los pacientes de diabetes o cardiopatía, tienen también artritis”, señala el informe.

La concomitancia contribuye a que la artritis sea más difícil de manejar; sin embargo, “la actividad física es una estrategia probada para aliviar el dolor y reducir los síntomas”, recuerda la directora interna de CDC, Anne Schuchat. “Los médicos y seres queridos pueden ayudar a los pacientes, simplemente, animándoles a ser físicamente activos”, propone.

El epidemiólogo del National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion, Kamil Barbour, también ha insistido en la “extrema importancia de que los proveedores de Atención Primaria motiven a sus pacientes para asistir a talleres sobre el manejo de la artritis”.

Participar en algún deporte puede reducir los síntomas de la artritis hasta en un 40%; sin embargo 1 de cada 3 pacientes admite no realizar ningún tipo de actividad física. Lo mismo sucede con los talleres de gestión, en los que únicamente participa 1 de cada 10 adultos con artritis. En cualquier caso, señalan Schuchat y Barbour, “los pacientes son más propensos a seguir estas pautas si es un médico quien se las recomienda”.