Las investigadoras Gisele Wolf-Klein y Mia Barnett, realizaron un total de 42 entrevistas telefónicas a individuos mayores de 65 años que habían sufrido roturas óseas de este tipo, observando niveles “sorprendentes” de desinformación tanto entre pacientes como entre médicos.

A pesar de que la osteoporosis es una condición potencialmente debilitante y casi siempre presente en fracturas geriátricas, el 57% de los encuestados aseguró que sus médicos no les habían sugerido ninguna medicación contra esa enfermedad. El 25% afirmó que rechazarían tomarlos aun cuando les fuesen prescritos.

Tras una fractura de cadera, la probabilidad de padecer osteoporosis puede aumentar entre un 2 y un 25%, lo que significa que estos pacientes “están en riesgo de padecer complicaciones; pueden morir o quedarse inválidos por una enfermedad que podría ser tratada”, advierten las autoras.

Según el estudio, los traumatólogos que dieron el alta a los pacientes tras la operación de cadera no se preocuparon por conocer los antecedentes familiares de osteoporosis a pesar de que la enfermedad afecta a más de 10 millones de personas en EE. UU. según la Fundación Nacional de Osteoporosis.

Finalmente, el 12% de los individuos resultaron tener un historial familiar preocupante: 1 de cada 2 mujeres y 1 de cada 4 hombres mayores de 50 años eran más propensos a romperse un hueso. "Sabemos que, si una madre tenía una fractura de cadera, se duplica el riesgo fracturas de sus hijos”, recalcan.

Tras el estudio, el 38% de los pacientes sufrió un nuevo traumatismo por caída y el 44% volvió a fracturarse el hueso. Unas cifras que, según las investigadoras “demuestran la necesidad de mejorar el plan de tratamiento global, incluyendo la educación y la prevención”.

Algunas sugerencias son la prescripción de fármacos para la densidad ósea en formatos más cómodos para el paciente, como infusiones o píldoras semanales, y la colaboración entre las especialidades de Traumatología y Reumatología, especialmente a la hora de realizar exámenes de densidad ósea.