El trabajo, publicado en World Journal of Orthopaedics y presentado al público durante la reunión anual de 2017 de la American Academy of Orthopaedic Surgeons (AAOS), muestra que el 80,3% de los hombros estaban dañados por la osteoartritis.

El equipo, dirigido por el cirujano ortopédico del HSS, Grant García, comprobó que 55 de los 57 pacientes retomó su actividad deportiva en una media de 6,7 meses después de la intervención. Además, el 93% de los sujetos declaró estra satisfecho con los resultados de la cirugía.

Más del 90% de estos deportistas aficionados volvió a practicar alguna actividad de alto rendimiento, y el 83,8% retomó algún deporte que requería el uso reiterado de hombros y brazos. Los deportes de gimnasio, por ejemplo, tuvieron una tasa directa de regreso del 97,2%, mientras en el golf fue del 93,3%.

Así mismo, la tasa de regreso al tenis individual fue del 87,5%; a la natación, del 87,5%; al baloncesto, del 75%, y al futbol fútbol american,o del 66,7%. En ningún caso se registraron diferencias significativas en cuando a sexo, edad o índice de masa corporal, y tampoco respecto al diagnóstico preoperatorio, la extremidad dominante o el estado de la misma durante la revisión.

“Nuestros resultados se apoyan en un seguimiento a los pacientes de, aproximadamente, 5 años de duración”, recuerda García en la nota de prensa de la AAOS. Pasado este tiempo, “la mayoría de los pacientes continuaba muy satisfecho con la cirugía y muchos practicaban ya varias actividades deportivas, incluidas las que suponen una carga para el hombro”.

Esta información, insiste, “es importante porque demuestra que la artroplastia total de hombro puede ser una buena opción también para los pacientes más jóvenes”. Según datos de la US Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ), cada año en EE. UU. cerca de 53.000 personas se someten a una cirugía total de reemplazo de hombro.

Aunque se trata de una cifra menor, en comparación con las más de 900.000 cirugías de cadera y rodilla que se producen anualmente en el país, sí es habitual que, en los pacientes más jóvenes, los movimientos repetitivos propios de algunos deportes causen artrosis precoz, o desgaste de la articulación.