El coordinador de la Sociedad Española de Reumatología (SER) también ha intercedido por los pacientes de artritis psoriásica -una de las patologías reumáticas más frecuentes y que, al igual que la espondilitis anquilosante, provoca dolores en la columna y las articulaciones sacroilíacas–  que también se enfrentan a retrasos de hasta 5 años en su diagnóstico.

“Algunos estudios señalan que los retrasos diagnósticos de solo 6 meses, ya suponen para los enfermos de artritis psoriásica un mayor riesgo de daño estructural y menores probabilidades de una adecuada respuesta terapéutica, incluso con las terapias más novedosas y efectivas”, lamenta el experto.

Además, “el riesgo cardiovascular implícito podría reducirse con un diagnóstico temprano y una terapéutica enérgica contra la inflamación incluyendo el uso juicioso de las terapias sistémicas clásicas, y las más novedosas terapias biológicas o las nuevas moléculas orales pequeñas”, sugiere Quiero, quien aconseja “tomar conciencia” para mejorar la calidad de vida de los enfermos.

Eugenio de Miguel, reumatólogo del Hospital Universitario La Paz de Madrid y asistente al evento, ha defendido que, si bien muchos pacientes no acceden a consultas de diagnóstico precoz, “también habría que tener en cuenta que “se han acortado bastante las demoras con los nuevos criterios de clasificación de espondiloartritis axial de The Assessement of Spondyloarthritis International Society (ASAS).

De Miguel ha reiterado que el seguimiento de los pacientes debe ser individualizado, “con una frecuencia acorde con los factores pronósticos que presente cada paciente” para “volcar la atención principal sobre aquellos pacientes que tienen mayor riesgo de presentar una mala evolución”. Considera que la profesión ya está encaminada hacia este logro, gracias a la aplicación en la práctica clínica de nuevos índices de actividad como el ASDAS (Ankylosing Spondylitis Disease Activity Score) o el BASDAI (Bath Ankylosing Spondylitis Disease Activity Index).

Los reumatólogos necesitan “reciclarse”

Los especialistas “necesitamos actualizar nuestra formación en todos los campos en los que las espondiloartritis han tenido un claro despegue en los últimos años, como pueden ser los nuevos conceptos patogénicos, las mejoras en las técnicas de imagen diagnóstica o la creciente normalización en el uso de los criterios de clasificación y diagnóstico”, ha defendido Queiro durante el curso.

Entre las materias que deben conocer se cuenta “la familiarización con las herramientas que miden desenlaces en estas entidades, y, por supuesto, los nuevos conocimientos implícitos a las llegadas de nuevas terapias como los bloqueadores de la vía IL-23/IL-17”, aclara el reumatólogo, “si el médico se mantiene al día en todos estos ámbitos es la mejor garantía para una atención de calidad a la población con espondiloartritis en nuestro país”, concluye.

Para José A. López de Castro, inmunólogo del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, en Madrid, el escenario es más “complejo” y requiere comprender “desde la ecología microbiana hasta la biología molecular, pasando por la fisiología y dinámica del sistema inmune”. Por otro lado, el investigador ha destacado el gen de riesgo HLA-B27 entre los hitos que marcan la actualidad de la especialidad.

“Subrayaría la relación fisio-patológica entre el intestino y las articulaciones, particularmente la evidencia de un flujo migratorio de células proinflamatorias, así como el papel del principal gen de riesgo en estas enfermedades”, dice, “es tentador sugerir, sobre la base de observaciones recientes, que este gen podría jugar un papel crítico en el origen del desequilibrio en la flora intestinal”, explica.

Esto, a su vez “promovería la inflamación articular característica de las espondiloartritis”, especifica el inmunólogo, “todos estos avances en la espondilitis anquilosante, podrían abrir posibilidades terapéuticas insospechadas, aún por explorar”.