“La osteoporosis y el aumento de fragilidad de la población senil constituyen un reto socioeconómico de primera magnitud”, escriben los expertos en el texto. El estudio apunta diferentes factores que contribuyen al deterioro óseo en los ancianos, entre los que destaca como elemento común el incremento de estrés oxidativo. “Así pues, reducir el estrés oxidativo podría ser una herramienta útil para combatir la osteoporosis involutiva”, escriben.

Aun así, los expertos indican que aunque los compuestos antiestrés oxidativo puedan interferir con el remodelado óseo o con vías anabólicas claves para la formación ósea, como la vía Wnt, el tratamiento requiere ciertas consideraciones previas a su uso terapéutico. Los médicos consideran que hay que tener en cuenta el papel fisiológico de las especies reactivas de oxígeno (ERO), que actúan como mensajeros secundarios de muchas vías metabólicas.

De esta manera, los investigadores creen que la inhibición no controlada de las ERO podría dar lugar a efectos secundarios no deseados en las células óseas. Los expertos consideran que se deben llevar a cabo nuevas investigaciones que determinen el verdadero efecto de las terapias antioxidantes y sus pautas adecuadas de administración, y “evitar así perjudicar el remodelado óseo”.