El equipo de investigación, dirigido por Claudia Carvalho, ha llegado a esta conclusión tras realizar un ensayo controlado aleatorio con 83 adultos aquejados de dolor lumbar persistente durante más de 3 meses. Los voluntarios se dividieron en 2 grupos para someterse a un tratamiento habitual (TH) o a un TH que incluía suplementación abierta de placebo (open-label placebo u OLP).

A diferencia de los habituales estudios controlados con placebo, los pacientes eran conscientes del “engaño” y habían sido instruidos en el efecto “potencialmente poderoso” que el placebo puede ejercer sobre el cuerpo humano, y cómo este puede acabar respondiendo automáticamente. El grupo de TH permaneció bajo tratamiento 3 semanas, mientras el de TH+OLP sumó 3 semanas adicionales.

La intensidad del dolor se evaluó mediante distintas escalas de calificación numérica (Numeric Rating Scales o NRE) y la gravedad de la disfunción mediante el Roland-Morris Disability Questionnaire. El grupo de OLP registró una reducción del dolor más notable en las NRE, de 1,5 puntos en comparación con los 0,2 del grupo TH. Lo mismo sucedió respeto a la discapacidad, donde la puntuación fue de 2,9 y 0,0 para los grupos de H y OLP respectivamente.

Estos resultados sugieren que “presentar las píldoras de placebo, en un contexto positivo, puede ser útil frente al dolor”, y hacerlo de forma abierta, incluyendo explicaciones del efecto de sugestión, “ofrece una manera de superar el conflicto ético de engañar a los pacientes que están tomando una medicación activa”.

En definitiva, el placebo “sin engaño” puede ser un complemento “seguro y eficaz” en el tratamiento del dolor lumbar crónico, concluyen los autores en el artículo publicado por Pain, la revista oficial de la International Association for the Study of Pain (IASP).