La reumatóloga del Hospital Universitario HM Sanchinarro considera que, ante la dificultad de manejo y diagnóstico, la esclerodermia debe ser gestionada de forma multidisciplinar. “Aunque el reumatólogo debe llevar la batuta, es fundamental que los enfermeros, fisioterapeutas, psicólogos y nutricionistas que atiendan a estos pacientes conozcan la enfermedad”, insiste.

Presente y futuro de la esclerodermia

Actualmente no existe cura para la esclerodermia, pero sí diversos tratamientos para la sintomatología que, en cualquier caso, deben ser individualizados. En primer lugar, explica de la Peña, “hay que explicar una serie de medidas generales al paciente para que las aplique en su día a día, como hidratar correctamente la piel y evitar los cambios bruscos de temperatura”, ejemplifica la reumatóloga.

Estas pautas, “se pueden combinar con medidas antirreflujo y fisioterapia respiratoria para aquellos pacientes con afectación pulmonar”. Así mismo, los pacientes de esclerodermia pueden recurrir a fármacos que, si bien no frenan la actividad de la patología, sí reducen sus signos. La tercera línea la compondrían los llamados tratamientos de fondo, recuerda.

Entre ellos, destacan los fármacos específicos para la hipertensión pulmonar -bosentan o sildenafilo- e inmunosupresores -metotrexato para la afectación cutánea y micofenolato o ciclofosfamida para la afectación pulmonar-. “También estamos incorporando al arsenal terapéutico de la esclerodermia las terapias biológicas a base de rituximab y tocilizumab”, añade la experta.

Las esperanzas, dice, están puestas en los ensayos clínicos, cada vez más abundantes. En este sentido, la experta considera que “se está avanzando mucho, tanto en investigación básica sobre los mecanismos etiopatogénicos de la esclerodermia como para probar nuevos tratamientos”.