Es la conclusión a la que ha llegado un estudio descriptivo, multicéntrico y conjunto de la Sociedad Española de Reumatología (SER) y los servicios de Reumatología del Hospital Clínic de Barcelona-IDIBAPS, el Hospital Sant Joan Despí-Moisès Broggi y el Hospital Universitario de la Princesa.

Los investigadores, dirigidos por Rosario García-Vicuña, evaluaron las UHdH de 89 centros repartidos en 16 comunidades autónomas y Melilla mediante un cuestionario autocumplimentado a partir de los estándares de calidad de la SER.

Concretamente, se determinó la variabilidad mediante el coeficiente de variación (CV) de la variable con relevancia clínica que presentara diferencias estadísticamente significativas al comparar por centros.

Así mismo, se analizaron los procesos y recursos estructurales estratificados según la complejidad del hospital: el 39, 3% fueron complejos, el 27% centros mayores, el 22,5% generales y el 11,2% hospitales comarcales. Además, el 92% de estas UHdD eran polivalentes.

Tal como publica la revista Reumatología Clínica, las variables de proceso que presentaron diferencias estadísticamente significativas en función del nivel de complejidad del hospital fueron el número de tratamientos aplicados, la coordinación entre las UHdD y la farmacia hospitalaria, así como la presencia de formación posgrado.

Los resultados hallaron que la tasa más alta de tratamientos, de 2,97 por 1.000 habitantes, correspondía a hospitales complejos, mientras que la cifra más baja, de 2,01 por 1.000 habitantes se hallaba en los hospitales generales.  El coeficiente de variación fue de 0,88 en hospitales mayores, de 0,86 en los comarcales, de 0,76 en los generales y de 0,72 en los complejos.

Por todo ello, García-Vicuña y su equipo consideran que “parte de la viabilidad y supervivencia de la especialidad de Reumatología en el ámbito hospitalario se basa en la atención especializada en las UHdD, sin olvidar su contribución a la investigación y a la docencia”. En este sentido, añaden, “sería interesante conocer el impacto de dicha actividad en los pacientes y en los profesionales, e incluso evaluar su eficiencia”.

Tras este “amplio análisis descriptivo”, los científicos abogan por “diseñar herramientas para favorecer la implementación de los estándares que consideremos necesarios y acometer su evaluación mediante indicadores que nos permitan determinar su progreso”, sentencian, “solo así, en un deseable estudio posterior, podremos estar seguros de seguir avanzando”, concluyen.