“Se sabe que algunos alimentos o sustancias que ingerimos habitualmente en nuestra dieta son perjudiciales para la salud en general, pero, además, está avalado científicamente que pueden influir muy negativamente en pacientes con artritis reumatoide u otro tipo de enfermedad de curso inflamatorio”, resume la sociedad en una nota de prensa. Los hábitos dietéticos incorrectos pueden ocasionar graves consecuencias:

  1. Desajustes de peso, tanto por exceso como por defecto.
  2. Afectación del sistema inmunológico.
  3. Sobrecarga en las articulaciones.
  4. Déficit de nutrientes.

En este sentido, la SER desaconseja el consumo de dietas proinflamatorias, como las constituidas por un alto contenido en azúcares, grasas trans, grasas saturadas o carbohidratos refinados y carencia de frutas, hortalizas, frutos secos o aceite de oliva virgen. Por el contrario, los cereales integrales, el pescado azul o el vino en cantidades moderadas, deben incorporarse a la dieta del paciente.

La prevención continúa después del diagnóstico de una enfermedad inflamatoria, y los beneficios de la dieta mediterránea también”, afirma Serra. “Nunca es tarde para beneficiarse de ella, aunque sus efectos serán mayores y más inmediatos cuanto antes la adoptemos”, advierte. La mala alimentación no solo aumenta el riesgo de enfermedad, sino que empeora el pronóstico de las ya diagnosticadas.