Tal como defiende el ensayo clínico multicéntrico aleatorizado en fase II que publica la revista Journal of Translational Medicine, “las células estromales mesenquimales son una opción prometedora” y, junto con el ácido hialurónico (HA), “un procedimiento seguro y factible que se traduce en una mejoría clínica y funcional”.

Para llegar a esta conclusión, el equipo dirigido por José María Lamo de Espinosa y Gonzalo Mora, del Departamento de Cirugía Ortopédica y Traumatología, ha realizado un ensayo con 30 pacientes voluntarios de entre 40 y 80 años diagnosticados de OA, asignados aleatoriamente en 3 grupos.

Al grupo de control se le administró únicamente HA por vía intraarticular durante 12 meses; mientras los otros 2 grupos complementaron el tratamiento con infiltraciones de células mesenquimales estromales de la médula ósea (BM-MSC) en dosis de 10 × 106 o 100 × 106, obtenidas mediante biopsia del propio paciente.

El dolor y la funcionalidad de la articulación se evaluó 24 horas después de la intervención, a la semana, al mes, a los 3 y 6 meses y al año, mediante el Western Ontario and McMaster Universities Arthritis Index (WOMAC), la Visual Analogue Scale (VAS) y la medición de la movilidad de la rodilla. Así mismo se utilizaron rayos X y resonancias magnéticas para cuantificar el daño en el cartílago.

Tras la administración de BM-MSC, los investigadores pudieron comprobar que no se había producido ningún tipo de efecto adverso y que los pacientes habían experimentado una mejoría relevante. En concreto, el grupo tratado con las dosis más elevadas exhibió una mejora de 16,5 puntos pasados los 12 meses.

“En consonancia con los valores de WOMAC y VAS, los rangos de movimiento no habían sufrido modificaciones en el grupo de control, pero mejoraron a los 12 meses con BM-MSC”, añaden los autores, así mismo, “el protocolo mostró que el daño articular se redujo solo en el grupo de dosis alta, aunque ligeramente”.

Si bien la diferencia en grados de movilidad no era elevada, “debemos tener en cuenta que la imposibilidad de extender la rodilla durante la marcha, por pocos grados que falten, puede limitar y producir una cojera que en muchos casos mejora al disminuir la inflamación asociada, causa del dolor”, justifican.