Para conocer los efectos de la irisina, un grupo de investigadores de la Universidad de Ancona y la Universidad de Bari, ambas en Italia, ha analizado si se confirma la hipótesis de que la irisina producida durante el ejercicio podría mantener funcionales adicionales en el sistema musculoesquelético. Los autores han revisado las evidencias existentes sobre los posibles efectos esqueléticos.

Entre dichos efectos, los científicos han incluido analizar el papel que desempeña la irisina en el control de la masa ósea, así como los efectos positivos sobre la densidad mineral ósea y la geometría en ratones. Asimismo, el estudio revisó los efectos autocrinos de la irisina en el músculo esquelético, en el que se regula la expresión del precursor de FNDC5.

Los autores también investigaron sobre los efectos de la irisina en la restauración del hueso y en la capacidad de revertir el desgaste muscular debido a la habitual pérdida de masa ósea y muscular que se produce como consecuencia del envejecimiento, de la inmovilización o del padecimiento de varias enfermedades metabólicas.

Si la irisina pudiera revertir este desgaste, esta hormona podría ser interesante para el tratamiento de la osteoporosis y la atrofia muscular, según señalan los autores. Asimismo, y según señalan, si los resultados en ratones se confirmaran en seres humanos, sería interesante desarrollar una terapia basada en irisina para pacientes con discapacidad física o que tienen que estar en reposo.