“Algunos pacientes muestran interés o solicitan información sobre el papel de las dietas o las terapias alternativas, no recogidas por la práctica médica habitual”, justifican los autores en el texto. “Muchos de estos tratamientos son inocuos, pero puede que no se hayan evaluado lo suficiente o que en realidad no tengan ningún beneficio”, advierten.

Por eso, reiteran, “se debe tener siempre presente que las terapias alternativas y complementarias no reemplazan a los medicamentos recetados por el médico y que, por tanto, no debe abandonarlos”. La guía, que pretende ofrecer ayuda a las cerca de 200.000 personas con AR en España, se centra en la homeopatía, la quiropráctica y la acupuntura.

“Aparentemente, la acupuntura promueve la producción de endorfinas, una sustancia analgésica”, explican; sin embargo, “en este momento la acupuntura se considera aún una terapia experimental”, zanja la guía. “Los estudios clínicos realizados no han mostrado resultados claros en cuanto al tratamiento de la artritis”.

Lo mismo sucede con la homeopatía, “no hay evidencia de que pueda aliviar, retrasar o detener el progreso de la enfermedad”, recalcan. “Para la mayoría de los científicos no tiene sentido”, incluso aunque este tipo de productos se vendan en farmacias. Sin embargo, es la manipulación del tratamiento quiropráctico la que puede llegar a ser más nociva.

“El ajuste o la manipulación manual de la columna vertebral con el fin de aliviar el dolor muscular y calmar el dolor en la espalda puede resultar contraproducente en personas con las articulaciones inflamadas, osteoporosis o una forma de artritis que afecte la columna vertebral”, concluyen.

Respecto a las pautas de alimentación “existe mucha información sobre dietas y suplementos nutricionales que supuestamente son capaces de ejercer un efecto beneficioso sobre las enfermedades reumáticas”, admiten. No obstante, “la mayor parte de esta información es confusa y no está basada en estudios realizados con el rigor científico adecuado”.

Entre los suplementos nutricionales que sí pueden tener alguna utilidad se encuentran los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 y, aun así, “las modificaciones en la dieta van a tener un impacto mínimo en la mayoría de los pacientes con artritis”, concluyen.