El texto, que forma parte del proyecto divulgativo Encuentros con la Salud, sugiere que la frecuencia de fracturas de mano o muñeca en estos grupos poblacionales responde a la alta prevalencia de traumatismos, sobre todo en el caso de los deportistas, y a los procesos degenerativos e inflamatorios propios de la edad.

“Las patologías más frecuentes son el síndrome del túnel carpiano, las tendinopatías y los gangliones, así como las fracturas de mano o muñeca debidas a un traumatismo”, explica el especialista en Traumatología y Cirugía Ortopédica del centro, José Salcedo, en una nota de prensa.

“En el caso de las mujeres mayores que han entrado en la menopausia, las fracturas de mano o muñeca están, en muchos casos, ligadas a la osteoporosis”, prosigue el experto, “como cualquier articulación, esa zona puede sufrir procesos degenerativos, como la artrosis, e inflamatorios, como la artritis”, ejemplifica.

Diagnóstico dinámico y recuperación completa

Para tratar las fracturas de mano o muñeca en estos grupos vulnerables, “el traumatólogo de hoy debe conocer las nuevas técnicas diagnósticas dinámicas que tienen la característica de ser en tiempo real”, considera Salcedo. En este sentido, “en el progreso de la especialidad han ido ganando terreno técnicas como la cirugía mínimamente invasiva, la ecografía o la artroscopia”, ejemplifica.

Por otro lado, “ahora somos jóvenes durante más tiempo y porque uno tenga 70 años no tiene por qué renunciar a una recuperación lo más completa posible”, sentencia. “Tiempo atrás, cuando un paciente geriátrico padecía una fractura de mano o muñeca, se realizaba una intervención y se dejaba de tratar”, recuerda.

Pero, “hoy en día, se mantiene el corazón más joven y se procura recuperar toda la movilidad posible, tenga la edad que tenga el paciente, para que no pierda dinamismo ni capacidades”, celebra el traumatólogo.

Evidencias del PRGF

“No hay evidencias científicas que establezcan que las fracturas de mano o muñeca puedan curarse con fármacos o plasma rico en factores de crecimiento (PRGF)”, desmiente el experto sobre una hipótesis que ha ido ganando interés entre la población tras la aplicación en determinados deportistas famosos.

No obstante, matiza Salcedo, “sí parece existir cierta evidencia demostrada de que el uso del plasma reduce el dolor de la articulación y, por tanto, mejora la calidad de vida del paciente, que no es poco”, concluye el traumatólogo.